sábado 7 de noviembre de 2009

Capítulo 58

¿De qué están hechos nuestros sueños, que se nos escapan?. Who wants to live forever (Queen)


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Jane miraba horrorizada a su hermana ante lo que le contaba.
-¡No puedo creer que le haya pegado al Sr. Thorton!
-No fue el mejor momento para que Darcy entrara, en parte es culpa mía. Conozco la naturaleza celosa de mi esposo, tendría que haber imaginado que no estaría lejos y que malinterpretaría cualquier gesto del Sr. Thorton.
-Pero, Lizzie, ¿este hombre te estaba…abrazando?
-Sí, es que yo estaba preocupada…por algo que sucedió con Darcy…¡No me mires así!- exclamó ante la mirada llena de censura de su hermana.
-¡Lo siento! Sabes que no soy partidaria de la violencia, pero puedo entender la reacción de tu marido.
Elizabeth la miró defraudada, si de alguien creería que tendría apoyo era en la tranquila y pacífica Jane.
-No convenceré jamás a Darcy para que le pida disculpas al Sr. Thorton- dijo con un suspiro de resignación.
-¿En la pelea se cayeron las masetas de la mesa?- preguntó su hermana mientras acomodaba una cinta del vestido de Beth.
-Ehhh…mmm…sí, fue entonces- respondió ocultando su vergüenza detrás de James.
-Señoras, ¿retiramos a los niños?- preguntó una de las niñeras al ver que casi era la hora de la cena.
Asintieron con la cabeza y besaron a los más pequeños, los mayores se resistieron a irse con algún berrinche que reprocharon sus madres y Elizabeth se alegró de alejarse del tema.
Poco después, los caballeros bajaron listos para la cena. Darcy entró con un visible cambio de humor. Donde hasta hacía unas horas había un rostro marcado por la preocupación, ahora había una obvia alegría difícil de ocultar.
Apenas entró en el salón, saludó a Jane y miró a Lizzie de reojo. Luego, caminó hasta donde estaba ella con la labor abandonada a un costado, corrió la pequeña canasta y se sentó a su lado.
Elizabeth se tensó inconscientemente ante la familiar proximidad, los últimos meses había reprimido y rechazado cualquier acercamiento, esperaba que tal hábito se fuera con el transcurrir del tiempo.
-¿Estamos bien?- le dijo Darcy apenas susurrando.
Ella le respondió asintiendo con una sonrisa forzada mientras asentía con la cabeza.
La cena fue anunciada y los hombres condujeron a las damas hacia la sala del comedor.
-Sr. Darcy, esta noche se lo ve muy mejorado. Creo que me he comportado en forma egoísta alejándolo tanto tiempo de Elizabeth y los niños.
-No tiene que disculparse, usted la necesitaba tanto como yo- respondió en forma cortés a su cuñada.
-Me enteré tarde que el Sr. Thorton estuvo aquí. Me hubiera gustado ofrecerle mis respetos, pero se fue abruptamente…-Bingley dejó la frase a la mitad al notar las señas que le hacía su esposa con la mirada.
Elizabeth levantó los ojos hacia su marido quien la miró por un instante con una breve sonrisa jactanciosa. Lo censuró con un gesto y se limpió la boca con la servilleta para responder.
-El Sr. Thorton y mi esposo tuvieron un pequeño altercado. Como seguramente le contará él cuando las damas nos retiremos y ustedes puedan conversar sobre un tema que poco placer nos trae a las mujeres- dijo de la manera más cortés para que el tema no se volviera a tocar en la mesa ante la curiosa mirada de su cuñado.



Las mujeres se retiraron con sus labores y los hombres se quedaron en la mesa un poco más para disfrutar de una copa y conversar sin la presencia de sus esposas.
-Sólo le pegué. Podría haberlo estrangulado si Elizabeth no se hubiera interpuesto entre nosotros.
-¡Darcy, desde la universidad que no escuchaba que te metieras en una pelea!- se rió su amigo, tomando en broma el asunto.
-Se lo merecía, ese hombre tiene intenciones hacia mi esposa que no corresponden a un caballero. Pero ella parece no darse cuenta- dijo entre celoso y resignado.
-Yo lo traté y me pareció un caballero muy agradable.
-¡Todos caen ante los encantos de Thorton! Parece que soy la única persona que no ve en él lo “perfecto” que es- dijo sarcásticamente.
Charles se rió tontamente. Le causaba gracia ver tan ciegamente celoso a Darcy.
-¡¿Pero qué fue lo que hizo para provocar esa ira?!- preguntó divertido.
-Se aprovechó de su vulnerabilidad para tocarla, si no hubiera entrado en ese momento, vaya a saber hasta dónde se habría atrevido- respondió serio y pensativo, como recordando el incidente en su cabeza.
-¡Por Dios, Darcy! ¿Realmente crees que Elizabeth se lo permitiría?- le preguntó un poco horrorizado- Si tu esposa te escucha, creo que no te lo perdonaría nunca.
-No pongo en duda que ella no le hubiera permitido, pero podría haber dado que hablar si entraba cualquier empleado. Sabes cómo le gusta cotillear a los sirvientes.
-Creo que Elizabeth lo sabe mejor que nadie- le respondió haciéndole notar que Darcy estaba en falta.
-Touché- fue la respuesta de Darcy ante el comentario de su amigo y cuñado.
-Y bien…¿ahora qué? Elizabeth estará rabiosa, aunque no lo noté en absoluto en la mesa.
Darcy bebió un trago de su bebida y sonrió brevemente.
-Mi esposa me ha perdonado. O al menos eso creo. Prometió volver a casa.
-¡Vaya que tienes suerte! Pensé que te iba a despellejar vivo ante tu conducta y resulta que tenías que pegarle al Sr. Thorton para que te perdonara- dijo divertido.
-Creo que es momento que nos unamos a las mujeres- sugirió para evitar que entre su alegría y las copas, revelara más de lo decoroso.
Jane y Elizabeth trabajaban en silencio y abandonaron sus labores cuando sus esposos entraron en el salón. La dueña de casa ordenó té y se sentaron todos a esperarlo.
-Sr. Darcy, mi hermana me comunicó la triste noticia que se volverán a Pemberley muy pronto. Sé que estuvo mucho tiempo, pero me gusta tenerla mucho conmigo.
-Papá prometió en su última carta, venir a conocer su nuevo nieto. Parece que el mes en casa de Kitty ha sido más que suficiente para su paciencia. Opina que nunca vio una criatura tan caprichosa como la pequeña Marie- dijo en broma Lizzie, para ver si le sacaba la tristeza del rostro a su hermana mayor.
-¡Pero si aún no camina! Seguro que papá exagera.
-Dice que es muy parecida a Kitty de pequeña, con el cabello rubio y pequeños rizos.
-Es una lástima que el Sr. Barton haya tomado ese puesto como vicario tan lejos- se lamentó Jane.
-Lejos de nosotras, pero cerca de su familia. Era la vicaría que esperaba desde hacía tiempo. Es algo bueno para ellos.
-Lo sé. Pero me gustaría tener a todas mis hermanas cerca- rezongó Jane.
-A todas menos a Lydia- dijo por lo bajo Lizzie y todos se rieron.
Darcy entró en la cama unos minutos después que su esposa. Elizabeth lo miraba con los ojos cargados del brillo especial que presumía. Se arrojó sobre ella para besarla apasionadamente, pero luego de un momento, lo apartó hacia atrás con los brazos.
-Sr. Darcy, creo que hay que aclarar ciertas cosas con respecto a lo sucedido hoy antes de seguir- dijo seriamente.
Darcy asintió con la cabeza sin pronunciar palabra y casi sin ceder ante el esfuerzo de ella por mantenerlo alejado.
-En primer lugar, lo tenga o no merecido según tu criterio, debes escribirle al Sr. Thorton pidiéndole disculpas por lo que pasó.
Él abrió la boca para protestar, pero en ese momento, ella dejó de empujarlo para atraerlo a sus labios, evitando que su esposo pudiera hablar. Cuando creyó que era suficiente “incentivo”, lo volvió a alejar.
-Segundo- dijo jadeante- quiero conocer a Margareth.
En ésta ocasión, él no puso ningún tipo de reparos, se limitó a dar un breve consentimiento.
-Tercero, me gustaría que deje de ser un secreto. Por ella y por mí.
-No sé si eso será posible- respondió sinceramente.
-¿Por qué? ¿Es acaso preferible que mi nombre sea una burla y que ella sea vista con malos ojos?
-Haré lo posible, te lo prometo. Me siento fatal por haberte expuesto a malos comentarios.
-Estas son mis exigencias. Si crees no poder cumplir con alguna de ellas, es mejor que me lo digas ahora y te vayas a dormir al sillón- fue la respuesta que no daba lugar a su esposo para dudas o temores.
-Las acepto- respondió y ella sacó sus manos que lo detenían por los hombros, para rodearlo del cuello y atraerlo hacia ella.

Volvieron a Pemberley dos días más tarde. La Sra. Reynolds estaba extasiada ante la vuelta de la familia a la casa. Por un tiempo, creyó que la señora no perdonaría al amo y no volvería a ver a los adorables niños.
Cuando se enteró por una breve misiva que regresaban, se dedicó a que la casa estuviera perfecta y de entrenar a los sirvientes para que no se prestaran a comentarios y cotilleo ante la amenaza de perder sus trabajos.
Lizzie se arrojó en el sillón de su habitación, su lugar preferido para leer un libro al atardecer.
Abrió la carta de Georgiana que acababa de recibir. Su embarazo estaba avanzado y necesitaba descansar. No podía acercarse a Pemberley y estaba preocupada por las noticias que le habían llegado sobre el matrimonio Darcy. Se negaba a creerlas y le pedía que por favor fuera a visitarla para calmarla y contarle la verdad.
Elizabeth se sintió mal por dos motivos. Uno era no haberle escrito a Georgiana desde el momento que ocurrió todo eso. Pero realmente no sabía qué decirle y explicarle el problema sin revelar más de lo que tenía permitido. El otro motivo que la hacía sentirse mal, era que ahora que estaba en casa, no quería salir.
Darcy golpeó y entró desde su habitación. Se paró junto a ella, Lizzie levantó su mano derecha y lo tomó de la mano. En la izquierda aún sostenía la carta de su cuñada.
-Georgiana quiere que la visite, no creyó tus respuestas y desea verme- le comentó mirándolo desde abajo.
Él se sentó al lado suyo, la besó en la frente y en los labios, y después se quedó pensativo.
-No creo que pueda mentirle- dijo Elizabeth ante el silencio de su marido.
-Iremos los dos. Le contaré la verdad si a Richard le parece bien. No sé si es oportuno alterarla.
-Las mujeres somos más fuertes de lo que ustedes creen. Embarazadas o no.
Darcy le sonrió. No dudaba que Elizabeth era más fuerte que él.

-¡Elizabeth! ¡Qué alegría me produce verte!- exclamó Georgiana desde el sillón sin poder levantarse.
-Por favor, Georgie, no te levantes. Me acercaré para saludarte- y diciendo esto, caminó hasta donde su cuñada y se sentó a su lado tomándole las manos.
Elizabeth conversó de trivialidades relacionadas al nacimiento y los niños intentando disimular la preocupación que le provocó ver tan frágil y delicada a Georgiana. Observó de reojo a su esposo y se miraron brevemente, sus ojos reflejaban el temor que ella intentaba ocultar.
-Georgie, ¿te ha visitado últimamente el médico?- preguntó Darcy sin poder esperar más.
-Ya sé que luzco bastante mal. Pero vino a verme un médico que trajo Richard desde Londres. Me obliga a tomar unos preparados bastante horribles para fortalecerme, estoy muy delgada.
Ninguno de los dos contestó inmediatamente. Los ojos azules de Georgiana parecían hundidos y su cara estaba huesuda y con un desagradable color.
-Tal vez deberías venir a casa con nosotros, la Sra. Reynolds te haría subir de peso rápidamente. Cuando no toleraba la comida y comencé a perder peso, me obligaba a tomar sus famosas sopas- dijo Elizabeth para reanimar la conversación.
-Me gustaría ir a Pemberley, extraño mi viejo hogar. Pero difícilmente me puedo levantar del sillón- se disculpó tristemente.
-Bueno, irás después de tener el bebé- la confortó Darcy.
-¿Y Richard?- preguntó Elizabeth.
-Ha ido a ver a su padre, seguramente volverá para la hora del té. Estoy muy contenta de verlos, nadie me cuenta nada, pero había escuchado unos rumores…de lo más preocupantes y desagradables- dijo casi con vergüenza.
Darcy se sentó en el apoya brazos del sillón, junto a su mujer, colocándole una mano sobre el hombro. Elizabeth puso la suya sobre la de él y la apretó suavemente.
-No sé a qué te refieres, querida Georgie- mintió Elizabeth. Desde que la vio, se dio cuenta que no era momento para contarle nada que le pudiera causar alteración.
-Escuché que ustedes habían peleado por…Bueno, no importan los motivos y que te habías marchado de Pemberley- comentó y por un instante, sus mejillas amarillentas, adquirieron un tono rosado, aunque los presentes no sabían decir si era por timidez o enojo.
-¡Que nos peleemos no es una noticia preocupante!- dijo Lizzie con una sonrisa- Bien sabes que tu hermano es terco como una mula y peleamos a menudo.
Ella hizo una insinuación de sonrisa y observó calladamente a los dos para leer en ellos si escondían algo.
-Georgiana, no deberías permitirle hablar así de tu hermano mayor- dijo seriamente, mientras se sentaba frente a ellas- Vas a hacerme creer que tú piensas como ella.
Esta vez, rió con más ganas, hasta se le escapó una pequeña carcajada.
-Hay que reconocer que sí me fui de Pemberley y es por eso que no te escribía. Seguramente te has enterado que Jane ha tenido un niño. He estado los últimos meses en Green Park, para ayudarla con los preparativos y luego, hasta que estuvo bien.
-Me alegro mucho saber que todo le fue bien y que ha tenido un heredero para el Sr. Bingley.
-Ha sido una fortuna, más sabiendo que el médico recomendó no tener más niños- dijo Darcy.
-Eso es una pena- comentó Georgiana afligida.
-Bueno, hablemos de cosas alegres- dijo Lizzie para cambiar el tema.
-¡Sí, por favor! Alégrenme el día- exclamó Richard que entró en ese momento a la sala- Por ejemplo, Darcy, podría vaticinarme si espero un niño o una niña.
-Por el tamaño aumentado de tu barriga, puedo decir que hay un exceso de cerdo y brandy. La que debería engordar es tu esposa, no tú- comentó Darcy.
Todos se rieron y Richard intentó esconder su estómago.
Anochecía temprano, por lo que los Darcy se despidieron demasiado temprano para gusto de Georgiana, pero prometieron volver pronto y que le traerían a sus sobrinos.
En el carruaje, Darcy no se atrevió a pronunciar en voz alta el miedo que le dio la visión de su hermana. No necesitaba decir que sentía temor. Elizabeth también lo sentía. Le tomó la mano en silencio y se la apretó.

-Elizabeth, ¿estás despierta?- preguntó susurrante en la oscuridad de la habitación. El fuego del hogar casi se apagaba por lo que se veía con las cortinas del dosel corridas.
Era muy tarde, tal vez las tres de las mañana, se atrevió a adivinar Darcy y se arrepintió de haber hablado.
-Es imposible dormir, contigo en la misma cama- protestó Lizzie y se arrimó contra él y le acarició el rostro al que podía adivinar preocupado- William, por favor, intenta dormir.
-Lo intento.
-Lo sé. Sabes que Richard no es tonto, por más que parezca despreocupado y risueño como siempre, si ha traído un doctor desde Londres, es porque está tan alarmado como nosotros.
-Me gustaría saber qué opinión tiene ese médico.
-Dentro de unos días iremos a visitarla otra vez, llevaremos los niños y tú tendrás la oportunidad de conversar con Richard. Hasta entonces, ¿puedo hacer algo por ti?
-Sólo tenerme paciencia, sabes que lo que más temo en el mundo, es que les pase algo los seres que amo.
-Lo sé, es una de las razones por las que me enamoré de ti- le respondió besándolo con ternura.

El pronóstico que Richard le dio no hizo más que sumirlo en la angustia. Georgiana no toleraba casi nada, sus vómitos eran diarios, aún pasado el primer trimestre. Eso la estaba debilitando y el médico temía que no llegara a término con el embarazo o que no lograra superarlo.
Mientras él escuchaba con silenciosa angustia, Richard rompió a llorar como un niño, tomándolo desprevenido. Lo palmeó en el hombro y esperó a que se controlara.
-Vamos, necesitas ser la persona que le transmita tranquilidad en estos momentos, ser su sostén.
-Lo sé, lo sé. Ella está tan ilusionada con el nacimiento y yo estoy aterrado.
-Ahora sabes por lo que he pasado dos veces- dijo intentando calmarlo.
En el dormitorio, William, correteaba y hacía todas las monerías aprendidas para su tía, quien sostenía débilmente a su pequeño ahijado.
-Me parece que estás cansada, es mejor que lleve a los niños abajo- dijo Lizzie al notar la expresión agotada en la cara de Georgiana.
-No los lleves, Elizabeth, me alegran aunque esté débil- le pidió con un hilo de voz.
-Yo volveré enseguida y te traeré algo rico que te envía la Sra. Reynolds- le prometió.
-Que terminará en la cubeta, como todo lo demás- respondió triste.
-Esperemos que esto sea lo que le gusta al bebé- le dijo buscando despertar esperanzas.
Elizabeth bajó con una idea en su cabeza. Dejó a los niños y fue a buscar a su esposo. Lo encontró en el despacho de Richard, los dos estaban angustiosamente callados.
-Siento interrumpir, pero se me ha ocurrido que ya que Georgiana no puede ir a Pemberley, yo debería quedarme aquí hasta que mejore. Tú puedes venir a caballo que es más rápido que el carruaje, los niños alegran a Georgie y necesita una mujer que la ayude.
-Está bien para mí- le dijo con una sonrisa.
Las cosas se planearon de esa forma rápida, Lizzie se dedicaba personalmente de Georgiana, tanto Richard como Darcy se sentían más aliviados y en pocos días se vio una pequeña mejoría en la paciente.
-Gracias-Darcy le susurró contra el cabello y la besó.
-¿Por qué?- preguntó Elizabeth mientras se acurrucaba contra su pecho. Era la primera noche que dormían juntos desde que ella estaba en casa de los Fitzwilliam.
-Por cuidar de mi hermana.
-No tienes que agradecérmelo. Lo hago por motivos totalmente egoístas- respondió acariciándole el pecho desnudo.
-¿Y cuáles son?- preguntó con curiosidad.
-Que me siento más tranquila al tenerla bajo mi cuidado y a la vez, evito tener que soportarte- Darcy rió y volvió a besarla.

El día más frío de lo que iba en el año, Georgiana comenzó con su trabajo de parto. Elizabeth no se separó de ella, confortándola, apoyándola y dándole fuerzas cuando parecía que la abandonaban. La preocupación de todos aumentaba a medida que pasaban las horas y la oscuridad llenaba la casa.
Los hombres esperaban en piso de abajo, en una poco iluminada habitación, donde de a ratos dormitaban rendidos por la espera.
-Parece…que va a nevar- dijo Georgiana sin fuerzas, mientras miraba hacia la ventana de su habitación.
-Sería la primera nevada del año- le respondió Lizzie, secándole la frente con un paño. El silencio que siguió, fue interrumpido por una dolorosa contracción y las órdenes de la partera y el médico.
-Estoy muy cansada…no puedo más- susurró Georgiana.
-¡Sí puedes! Estás haciéndolo muy bien- le dijo alentándola.
-Elizabeth, mi querida Lizzie…te quiero más que si hubieras sido mi hermana de sangre…has hecho tan feliz a mi hermano…
-Shhh, no hables y guarda tus fuerzas para la próxima contracción- la interrumpió Elizabeth.
El médico discutía con la partera sobre la situación, estaba claro que temían por la vida de la madre y del hijo. Sospechaban que con tantas horas de trabajo inútil, tal vez el niño ya no estuviera vivo.
Elizabeth agradeció que Georgiana estuviera sumida como en un sopor y no los hubiera escuchado.
-Tiene fiebre- murmuró el doctor a Lizzie.
-¡Georgiana! ¡Georgiana! ¡Despierta, debes pujar! Falta muy poco- le ordenó a su cuñada mientras le acariciaba los cabellos revueltos.
Finalmente, unos débiles sollozos anunciaron el nacimiento de un varón. Pequeño y frágil, fue entregado a Elizabeth quien lo acercó a la madre.
-Es…bello- dijo Georgiana sin aliento en sus pulmones y lágrimas en los ojos.
-Se parece a mi William cuando nació- le sonrió Lizzie y su cuñada asintió cerrando los ojos.
-Sé que…cuidarás bien de él- le dijo mientras con dedos temblorosos acariciaba a su bebé.
-Georgie…¿qué dices?...Tú y Richard lo malcriarán y llenarán de vicios…- la interrumpió para no oírla.
-Cuida de mi hermano y de Richard…pobre Richard…-continuó como si no la hubiera escuchado.
-¡No quiero escucharte hablar así! Te pondrás bien, ya lo verás- le respondió con un nudo en la garganta, mientras esperaba que el médico apoyara sus palabras. El doctor Peterson, la miró negando con la cabeza y bajando la mirada.
-No tengo miedo…sólo lamento no verlo hacerse un gran hombre.
-Georgie…por favor…- dijo rompiendo a llorar.
-Promételo.
Lizzie sólo fue capaz de asentir con la cabeza.
-Mi pequeño John…- esas fueron las últimas palabras que pronunció antes de morir con una expresión de tranquilo alivio.

El Sr. Peterson se ofreció para dar la noticia a la familia. Elizabeth le pidió estar presente. Entregó el pequeño a la partera para que lo higienicen y antes de salir de la habitación, miró la figura de Georgiana que parecía dormida.
Entraron a la habitación y al ver a su esposo, éste no necesito palabras para descubrir lo sucedido. Cayó sentado con una expresión de desolación que la partió por dentro.
-Lo siento, Coronel, su esposa ha dado a luz a un varón, pero no ha sobrevivido al parto. Fueron muchas horas para su salud delicada- el médico seguía explicándoles lo sucedido, pero nadie parecía escucharlo.
Afuera, caían los primeros copos de nieve.

13 comentarios:

Ivory dijo...

Vaya capitulo! Tu no puedes dejarles en paz? ;) Tanta crueldad! Siempre pensé que era Georgiana Darcy una heroina tragica. Y ahora qué?

Gracias por esa fenomenal secuela.

Anónimo dijo...

Ha sido un capitulo maravilloso pero me has hecho llorar terriblemente.

Bastante realista, además, en esa época eso ocurría con mucha frecuencia... que horrible.

Por favor escribe pronto algo feliz para poder pasar el trago.

Continua pronto!

Anahia

Ivory dijo...

Se me ocurre algo de repente: pudiera ser que las pociones del doctor hayan debilitado a Georgiana con proposito?

Ale dijo...

Jo, que triste capitulo, porque tuvo que morir Georgiana, me encantaria que fuese un sueño la ultima parte, no debia morir :(

Este ha sido el capitulo mas triste, ojala y todo mejore, aun tengo esperanza.

Respecto a los Darcy, me alegro que ya se hayan reconciliado y que Darcy haya aceptado aclarar los rumores de Margaret.

Esperare el proximo capitulo, y ojala la muerte de Georgiana sea un sueño de Darcy o Richard, por favor, si quieres matar a alguien mata a Lydia.

Gracias por este nuevo capitulo.

Saludos, Ale

Anónimo dijo...

Qué pena.
Esperaba ansiosa el capítulo.

Carao dijo...

Jo! Lei con mucha alegria el capitulo nuevo, hasta que llegue al final!
Ahora estoy triste...

Gracias por compartir tu inspiracion con nosotros!

Jo Darcy dijo...

Voy ha contarles cómo llegué a esto, para que no piensen que fue un castigo.
Hace varios meses que me rondaba por la cabeza la idea que una de las "buenas" muriera en el parto o perdiera al bebé. Eran situaciones demasiado comunes en ésa época y que muera Caroline, a nadie le iba a importar.
Consultando mi idea con una lectora, casi me asesina y entonces lo deseché.
Juro que al comenzar a escribir el 58, la idea ni se me había ocurrido. Tenía tres páginas al momento de romperse la computadora.
Cuando la recuperé y me puse a escribir, tuve una especie de ataque de inspiración donde escribí el resto en un par de horas. Pero bueno, con la muerte de Georgiana.
Espero que no se enojen demasiado conmigo.
Besos.

Ana Carlisle dijo...

¡¡¡¡COMO SE TEB HA OCURRIDO MATAR A GEORGIANA!!!
Eso si que no me lo esperaba...
Joooooooooooooo
Me encantaba ella, eso no vale....
Espero que por lo menos hagas que mas adelante los Darcy tengan la niña que buscaban, seria bonito que la llamaran Georgiana en honor a ella.

Anónimo dijo...

Felicidades por el nuevo capitulo, lo esperaba con ansias... fui muy feliz al descubrirlo, y muy infeliz al terminarlo... pero como dice Jo, eso era muy comun.

Gracia!

Selena27 dijo...

Jo eres divina , es un capitulo muy triste es cierto por mucho que william y elisabeth hayan vuelto , pero es muy realista , estas cosas pasaban en aquella epoca.
Eres una fantastica escritora sigue asi.

sandy dijo...

pobrecito Darcy, tan bien que iban las cosas y la pobre Georgy no soporto el embarazo buaaaaaaaaaaaa
un capitulo muy triste para lo qye nos tienes acostumbradas.
porfa publica tan pronto puedas, no nos dejes a medias en esta historia que es buenisima.
besos

Anónimo dijo...

Acabo de descubrir este fanfic y debo decirte que me parece sencillamente genial, tienes madera de gran escritora, sigue así.

Selena27 dijo...

por cierto el dia 8 de diciembre es mi cumpleaños a ver si para mi cumple me regalas un capitulo.